Linóleo, una buena elección.
Al decorar tu vivienda el suelo es una de las decisiones más importantes. Lo primero es escoger el color, algunos optan por colores oscuros sobre todo los que tienen niños, y también hay quien prefiere tonalidades más claras con el objetivo de hacer juego con los muebles de la vivienda.
Elegir el material del suelo trae dudas debido a la amplia variedad de suelos en el mercado. Desde la madera hasta la cerámica, es importante acercarnos a una tienda especializada en el sector porque ofrecen un nutrido abanico de posibilidades. Hay tres factores que debemos tomar en cuenta para elegir: el nivel de resistencia, la facilidad de limpieza y el sistema de montaje.
El suelo más económico
El linóleo es el suelo más económico. En su composición toman parte materias primas regenerativas de origen vegetal como el corcho, la resina o el aceite de linaza, por lo que su uso en la vivienda respeta, no sólo nuestro bolsillo, sino también la naturaleza. Su empleo en interiores es bastante reciente, puesto que tradicionalmente ha sido destinado a los suelos de instalaciones deportivas, de ahí su impresionante resistencia y durabilidad.
Las propiedades del linóleo le colocan por delante de otros tipos de material. En primer lugar, instalar suelos de linóleo es una tarea sencilla y no presenta los inconvenientes de otros pavimentos que requieren una obra más complicada. Por otro lado, la carta de colores y acabados que presenta, nos permitirá escoger aquella tonalidad más acorde con los muebles o la pintura de las paredes, adaptándose a cualquier idea decorativa que tengamos en mente.
Fácil mantenimiento
Los suelos de linóleo vienen preparados con un acabado que ayuda a su perfecta conservación. Esta capa de protección evita las antiestéticas marcas que provocan las rozaduras, además de hacer de su limpieza una tarea menos laboriosa. Con el fin de no estropear el magnífico aspecto del linóleo, elegiremos productos de limpieza cuyo pH no sea excesivamente agresivo.
La mejor opción para el día a día es pasar una fregona de agua tibia a la que previamente añadiremos un tapón de jabón líquido neutro. Es importante que no empapemos estos suelos, ya que el agua puede penetrar en el material. El paso del tiempo hará que esta clase de suelos pierda poco a poco el brillo del principio. Para sellar los poros de este material, emplearemos algún abrillantador o cera recomendados, pero nunca barnices ni productos similares.





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